La vieja política

Por David Monreal

“La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”. Esta frase adjudicada a un escrito francés del siglo XIX, refleja una realidad que por mucho tiempo vivimos en México. Pese a los esfuerzos de nuestra nación  por construir una democracia verdadera, la cúpula política y económica mantenía sus privilegios cobijándose tras un discurso hipócrita que terminó cayendo por su propio peso.

Mientras el país se hundía en la pobreza y la violencia, los pasados gobiernos daban discursos sobre progreso, modernidad y justicia, sin asumir su responsabilidad por la inseguridad y el desfalco a las finanzas públicas que se auspiciaba desde la presidencia y los más altos cargos, como secretarios de estado y gobernadores.

Casos de corrupción sobraron durante la era del PRI. Casa, autos, viajes, ropa de lujo y cuentas en paraísos fiscales enriquecían a unos cuántos a costa de nuestra sociedad y a la vista de todos. Por eso a nadie sorprendió el apabullante triunfo en 2018 de la coalición “Juntos Haremos Historia”.

Con el nuevo gobierno y el inicio de la 4T empezó el verdadero cambio, que como principales características tiene la cero tolerancia a la corrupción, la investigación judicial de quienes roban el dinero público, el rescate de los valores en la función pública, y la austeridad republicana.

Como funcionario federal tengo el deber de trabajar por ese anhelo de verdad y justicia que nos trajo hasta este punto de nuestra historia. Todas y todos debemos unirnos en este interés general auténtico y defenderlo de los intereses particulares o de grupo que puedan corromperlo.

La nueva oposición (el llamado conservadurismo), aunque debilitado sigue en su interés de conservar sus privilegios y dividir la opinión pública con su acostumbrado discurso. El mismo ex presidente Fox recientemente llamó a la militancia panista (en especial a los jóvenes que asistieron a su “ponencia”), a “darle en la madre a la 4T”.

Este es un claro ejemplo de cómo el interés general (la austeridad), es incompatible con el interés particular (la multimillonaria pensión y las escoltas del estado mayor que le quitaron); así como de la reacción que podemos esperar de quienes no logran entender la importancia de separar lo económico de lo político.

No obstante, también debemos tener presente que la única y legítima autoridad dimana del pueblo. Quienes tenemos el honor de ser parte de este nuevo gobierno, sabemos que “el pueblo pone y el pueblo quita”, y que las aspiraciones políticas, por legítimas que sean, sólo podrán cumplirse en sintonía con el proyecto de nación que la sociedad impulsa y a través de procesos democráticos.

Con estas ideas claras seremos capaces no sólo de defender el triunfo de 2018, sino avanzar hacia donde la vieja política mantiene sus redes de corrupción y sus privilegios.

Lo viejo siempre da paso a lo nuevo. El cambio no se detendrá.

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