Opinión

¿Y qué hacer después de las elecciones?

Por Jacobo Cruz  Tobon.    Colaborador

El próximo 1 de julio los mexicanos saldremos a emitir  nuestro voto a las urnas para elegir  más de 3 mil 400 servidores públicos, destacandose la elección de Presidente de la República y la renovación del Congreso de la Unión, además de las alcaldías y representantes en los  ayuntamientos.

         Este escenario  convierte al proceso electoral 2018 como el más polémico y dinámico de los últimos tiempos y sin duda marcará un parte aguas para los próximos años;  aquí  puede darse un   proceso de continuidad en caso de que el ganador sea el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), o del Partido Acción Nacional (PAN), pues se considera que  ambos institutos se desenvuelven bajo la misma visión de país; por otra parte debe tomarse en cuenta la oferta política del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), consistentes en acabar con la “mafia del poder” y la eliminación de la corrupción  por parte de su candidato, quien por tercera ocasión busca el apoyo de los mexicanos.

         A estas alturas la población cuestiona el proceder de Morena, como el de reclutar a personajes envueltos en escándalos de corrupción y que no han sido aclarados y forman parte   de sus filas. El día de hoy leí en algún medio informativo que el priismo se perpetuará en Morena para seguir dominando al país, esto debido a que sus principales personajes desertaron y han sido aceptados con todos los honores en las filas de este instituto.

         Por otra parte, también se pone en duda que si el problema de México es la corrupción, tema en el que el tabasqueño  también ha basado su campaña. Nosotros, los antorchistas,  no estamos de acuerdo en esto, y comprendemos que esta, al igual que la inseguridad, la migración, entre otros flagelos,  son consecuencia de la pobreza, debido a la concentración  de la riqueza social en unas cuantas manos y que por lo tanto él debiera plantear acabar con la causa primaria de los males que se padecen y que en consecuencia la tendencia será que estos tendrán que desaparecer; esto ateniéndonos a la causa y el efecto, dos fenómenos contrarios que también operan en la vida política, económica y social.

         A 12 días del sufragio, la lucha por hacerse del respaldo popular se ha intensificado, las campañas están en la fase final y la población se encuentra inmersa en la propaganda de decenas de candidatos que recorren  calles presentándose  muy  interesados en  resolver los problemas.

         Hay retos, el abstencionismo, por ejemplo. En  1991,  el  voto ciudadano fue del 67.95 por ciento de  participación y  desde  el año 2000  la cifra de mexicanos que votan ha ido cayendo elección tras elección; en  2015, donde se eligió la conformación de la Cámara de Diputados, la participación tan solo llegó al  47.07 por ciento, o sea menos de la mitad del país votando.

         El Instituto Nacional Electoral (INE) y los institutos locales  deben garantizar, junto con autoridades en materia de seguridad  que la jornada  se lleve a cabo en tranquilidad y se espera  gane la civilidad y tolerancia política.

         Pero se percibe un ambiente de desconfianza y nerviosismo  que permea en todos los estratos sociales, que se centran sobre todo en la postura anticipada de Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena de no aceptar resultados que desfavorezcan a él y demás candidatos con su conocida amenaza de “soltar al tigre”,  y lo que uno se imagina es la toma de edificios públicos, cierre de carreteras, aeropuertos, enfrentamientos con la policía, etc.,  y esto no es gratuito, porque  que ya se han dado acciones similares con otros motivos, desde luego, ligados a la izquierda mexicana.

         Ahora bien y ¿Qué hacer después de las elecciones? Porque es un hecho que gane quien gane, los problemas no se acabarán para los mexicanos con sólo llevar al poder a cualquiera de los candidatos,  por mucho que en el discurso se diga que sí.

         La organización en la que milito ha propuesto que se deben crear más fuentes  de  empleo y bien pagados; se debe impulsar la redistribución del gasto público con énfasis en la atención de obras sociales; debe también reorientarse la carga impositiva, esto es que paguen más impuestos quienes tienen más ingresos y con esto se podrá hacer que México transite por mejores rumbos.

         Para lograrlo,  hay que esperar aún, pero  por el momento se requiere   de un pueblo que por las vías legales y de forma totalmente pacífica  reclame en los tres niveles de gobierno que se atiendan las necesidades apremiantes y si hay cerrazón de la autoridad en turno  la única salida será la lucha.  Lucha que Antorcha ha desarrollado  durante sus 44 años de existencia, así que preparémonos, esa es la última salida.

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