A 90 años el PRI se niega a morir entre muertos, corrupción y bancarrota
Por Guillermo Hernández Zavala
Ya enfilado a llegar a nueve décadas de existencia el otrora poderoso, hegemónico y siempre triunfante PRI, se debate entre la vida y la muerte. Cargado con el recién y frustrante fin del sexenio peñista, parece el final se acerca ya. Desde su creación siempre victorioso, siempre líder, siempre empeñado en mandar y quitar gobernantes y en no pocas ocasiones hasta quitar y poner presidentes municipales, policías, funcionarios y todo lo que oliese a político. El PRI siempre PRI. Hoy que este 4 de marzo cumple 90 años parece expulsa los últimos estertores de vida como aquella que cegó al político sonorense Luis Donaldo Colosio, asesinado cruelmente allá en Lomas Taurinas, en Tijuana, Baja California, por cierto, un 23 de marzo de 1994. Muerto por sus mismos correligionarios encabezados por el siniestro Carlos Salinas.
Un PRI altivo, mandón, creador de liderazgos y corrupción, ejecutante en sindicatos, dueño de poder y gloria, hoy se debate entre ser o no ser; un instituto capaz de mover montañas, trastocar organizaciones sociales, sindicales y hasta privadas: el tricolor encumbrado siempre.
Recuerdo que hace años mi padre que murió en el año del 2003 rebasando los 90 años, me comentaba, me decía, me inquiría, casi casi me imponía a un PRI único, verdadero, poderoso, benefactor, hacedor de las grandes y modernizadoras acciones sociales. En síntesis para mi jefe no había otro partido. Nadie capaz de rebasarlo, nadie con tamaños para derrumbarlo. Es más mi progenitor llegó al extremo de caer en la odiosa comparación de igualar al PRI “rayando en la divinidad”. O casi, era mandato divino votar, creer, defender y portar los postulados tricolores. Nada más lejano de la ahora triste realidad del otrora partido dominante. Considerado en un tiempo uno de los partidos más poderosos del mundo.
Hoy, un instituto político que sufrió una de las más catastróficas derrotas ante MORENA, lleva consigo penurias, escasa representación en las cámaras alta y baja, tan sólo con 47 diputados federales y 14 senadores. Además de conservar 13 gubernaturas, 550 presidencias municipales de 2011 y 184 de un total de mil 123 diputaciones estatales.
Actualmente, en finanzas el PRI no canta mal las rancheras, anda pidiendo un crédito por un monto de 250 millones de pesos para los gastos del presente año, de cara a la elección de su nueva dirigencia y efectuar su Asamblea Nacional. Y por si fuera poco, arrastrar con el lastre peñista, corrupto y desgastante de una administración presidencial que minó al instituto en cuestión. Razón por la cual, no son pocas las voces que piden a gritos la expulsión del también ex mandatarios mexiquense, Enrique Peña Nieto. Caso concreto del ex gobernador priísta de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, que sin ambages sostiene: “Peña debe ser expulsado del PRI por el inmenso daño que le causó”. Lo demás huelga comentarlo.
Mientras algunos expertos y analistas, ya han mencionado la urgente necesidad del “partidazo” por cambiar de nombre, de ideología, de colores y… en tanto Peña Nieto es nombrado consejero político del PRI. Lo avalan los miles de muertos durante su mandato. Un premio a la corrupción, a la desigualdad, a la pobreza y a la inseguridad. Así es el nuevo PRI. Ah, y todavía piden confianza, una nueva oportunidad, la desfachatez tiene un nombre: PRI.
El asesino del PRI y de Colosio…está aquí. Mientras el tricolor se debate entre la vida y la muerte…

