Zacatecas en tiempos de pandemia

Por David Monreal

 

 

En días pasados, la Secretaría de Salud informó en conferencia vespertina que Zacatecas es uno de los estados en donde menos se ha reducido la movilidad durante la contingencia sanitaria por COVID-19, pues únicamente se ha logrado el 16%..

Ante esta situación, los ciudadanos y las autoridades presentaron sus inconformidades por medio de las redes sociales, declaraciones, y demás. Afortunadamente, la conciencia social de los zacatecanos se ha demostrado, muchos de ellos permanecen en sus casas, los que cuentan con negocios apoyan a los trabajadores del sector salud, otros se han ofrecido a apoyar a los que menos tienen, compartiendo un poco de sus alimentos.

No obstante, es importante señalar que lamentablemente no todos los zacatecanos pueden cumplir con el llamado de las autoridades para quedarse en casa.

 

De acuerdo con las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del cuarto trimestre del 2019, pese a que la tasa de desocupación es baja en comparación con otras entidades federativas, contrastantemente, la informalidad laboral llega a una tasa del 63%.

Esto quiere decir, que del total de personas que se encuentran laborando (ocupadas) en la entidad, la mayoría no está en condiciones de trabajo formal; los ingresos que perciben y las condiciones de trabajo no están reguladas por un marco legal.

Entonces, conociendo estos datos, y entendiendo que la situación de informalidad implica también, salarios que muchas veces pueden estar debajo de la línea de bienestar, despidos injustificados, tiempos extras de trabajo obligatorios, incumplimientos en el pago, falta de seguridad social, entre otras, ¿cómo, como autoridades, podemos obligar a los ciudadanos a no salir, a no trabajar, a no percibir ingresos? ¿Cómo ponderar qué es más importante, la movilidad o la economía familiar?

Sin embrago, no podemos considerar que éstas son mutuamente excluyentes, y es por ello que debemos comprender y enfocarnos en transformar las condiciones estructurales que dificultan la reducción de la movilidad aun en contingencias de salud como la que enfrentamos actualmente.

Más allá de pedir un reconteo en las cifras, debemos cerrar filas con la clase trabajadora para exigir condiciones laborales dignas y abatir los índices de informalidad laboral, para mejorar las condiciones de las familias zacatecanas, y así afrontar los obstáculos que diariamente enfrentan tanto para subsistir, como para desarrollarse en los términos que nuestra constitución establecen para todas y todos.

No es un secreto que muchos empleados viven en condiciones irregulares, e incorporarlos al empleo formal y a los derechos y obligaciones que ello conlleva, es responsabilidad de las autoridades administrativas y fiscales. Sólo transformándonos podremos salir fortalecidos de esta contingencia.

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